
La presencia de dioxinas en alimentos por encima de los límites legales se ha convertido en un hecho bastante frecuente en los últimos años pero la contaminación por dioxinas de alimentos y piensos tiene un origen más antiguo. El descubrimiento de las dioxinas relacionadas con la industria alimentaria data del año 1957 cuando se detectó una enfermedad entonces desconocida, llamada “Chick Edema Disease” que provocó en aquel año la muerte de millones de pollos jóvenes en Estados Unidos. El origen de esta enfermedad, según las investigaciones de entonces, fueron los ácidos grasos añadidos a los piensos como suplementos y su causa fue el 1,2,3,7,8,9-hexaclorodibenzo-p-dioxina. Para fabricar estos ácidos grasos se empezaron a utilizar a finales de los años 50 y 60 unos conservantes (fenoles clorados), que, según se sabe ahora, estaban contaminados con las dioxinas.
El descubrimiento del origen químico de la “Chick Edema Disease” eliminó esta enfermedad a comienzos de los años 70, pero volvió a aparecer a mediados de los 80 debido a la presencia de pentaclorofenol añadido a las virutas de madera utilizadas en las camas de las gallinas. Entonces, se encontraron cantidades elevadas de dioxinas, hasta 20ppm en las virutas de madera y en pollos.
Detección de dioxinas en piensos en Alemania
Las autoridades alemanas comunicaron al sistema RASFF comunitario el 27 de diciembre de 2010 la presencia de dioxinas en piensos destinados a la alimentación animal. Según las primeras investigaciones, la contaminación de los piensos se debió a la mezcla de ácidos grasos contaminados con dioxinas, destinados a uso industrial y producidos por una empresa alemana de obtención de biodiesel, con grasas vegetales para la fabricación de piensos en la empresa alemana Harles & Jentzsch dedicada a la producción de grasas para piensos. Más de 2.700 toneladas de grasa contaminada se entregaron a 25 fabricantes de piensos en cuatro regiones alemanas donde se mezclaron con los piensos compuestos en un porcentaje del 2 al 10%. De las 2.700 toneladas, 2.500 se produjeron en la Baja Sajonia. Se desconoce el motivo del uso de los ácidos grasos contaminados con las grasas vegetales, aunque todo indica que haya sido un fraude comercial.
Las autoridades alemanas iniciaron la investigación del origen de las dioxinas, paralizaron la comercialización de las grasas para piensos elaboradas desde el 11 de noviembre (aproximadamente 3.000 toneladas), tomaron muestras de los piensos de las 25 fábricas y siguieron el rastro de los productos afectados. Hay que decir que la información que recibieron las autoridades alemanas de las empresas fue bastante posterior al comienzo de la contaminación, por lo que, cuando se iniciaron las actuaciones, los piensos contaminados con las dioxinas ya se habían vendido a granjas de gallinas ponedoras, cebaderos de aves (pollos y pavos), cerdos, vacuno de leche y carne, conejos y granjas de gansos. Más de 4.000 granjas de animales recibieron el pienso compuesto contaminado. Las autoridades identificaron las granjas y les impusieron medidas restrictivas a todas ellas hasta que los resultados analíticos de sus productos demostraran que cumplían con los límites legales de estos contaminantes. El 12 de enero, las autoridades alemanas ya habían levantado las medidas restrictivas a la mayoría de las explotaciones ganaderas, quedando solamente 490 pendientes de confirmar su cumplimiento con los límites legales.
Todavía el 3 de enero de este año, las autoridades alemanas encontraron otras seis partidas de ácidos grasos procedentes de la compañía de biodiesel y destinadas a la fábrica de grasas para piensos.
Extensión de la alerta a otros Estados miembros
Pero el incidente no se ha circunscrito solo a Alemania porque el pienso destinado a gallinas ponedoras y producido en una de las fábricas afectadas, se envió a dos empresas subsidiarias localizadas en Francia y Dinamarca. Los resultados analíticos de esos piensos han mostrado que los niveles de dioxinas en las partidas enviadas a Francia y Dinamarca están por debajo de los límites legales, excepto dos partidas enviadas a Dinamarca que superan el límite máximo. Según la información facilitada, no hay riesgo para el consumidor porque las gallinas reproductoras que consumieron esos piensos no se comercializaron.
En cuanto a los productos de origen animal procedentes de animales que han consumido esos piensos, ningún producto afectado se ha comercializado a otro Estado miembro o a un País tercero, excepto dos lotes de huevos potencialmente contaminados enviados a Holanda, donde se procesaron y se enviaron como ovoproducto al Reino Unido. No obstante, los resultados analíticos del lote de ovoproductos han dado por debajo de los límites legales.
Actuaciones de la Comisión Europea y la FEFAC
La Comisión Europea se reunió el 5 de enero con la Federación Europea de fabricantes de piensos compuestos (FEFAC) y otros establecimientos implicados en grasas como la EU Oil Protein Meal Industry (FEDIOL), la European Biodiesel Board (EBB) y la Asociación de procesadores de grasas y subproductos de origen animal (EFPRA) para alcanzar acuerdos dirigidos a reforzar el sistema de autocontrol de dioxinas en la cadena de producción de piensos, especialmente en aceites, grasas y subproductos con el fin de impedir que grasas de uso industrial se dirija a la fabricación de piensos.
Por su parte, la FEFAC ha anunciado un plan de acción que va a incluir un protocolo de análisis de dioxinas en la cadena de abastecimiento de grasa para piensos a nivel europeo y una revisión de los requisitos sobre aprobación de empresas de mezcla de grasas recogidos en el Reglamento 183/2005.
Conclusiones
Los procedimientos de trazabilidad han funcionado correctamente porque ha sido posible localizar los lotes que podrían estar afectados con la contaminación por dioxinas. El sistema RASFF ha funcionado eficazmente porque la información de lotes y de productos enviados a los EEMM ha facilitado la localización e inmovilización de aquellos productos presumiblemente afectados. Las autoridades alemanas también han hecho su trabajo de forma adecuada y rápida, iniciando la investigación, inmovilizando productos en las empresas y analizando los productos para ir levantando progresivamente las medidas precautorias.
La responsabilidad de esta alerta podemos decir que recae primordialmente en las empresas, fundamentalmente en aquella que realizó el fraude comercial, pero también en aquellas otras que no han sabido controlar de forma eficaz las materias primas que utiliza para la fabricación de las grasas o de los piensos. El sistema funciona pero todavía queda mucho trabajo por hacer para que las empresas de piensos y de alimentos vayan asumiendo cada vez más su papel de responsable principal en los productos que elabora y comercializa. Si las empresas de piensos hubieran tenido un buen sistema de autocontrol se podría haber evitado que los piensos contaminados hubieran llegado a las granjas de animales, con lo cual el coste económico que hubiera supuesto ese incidente habría sido muy pequeño. ¿No es mejor gastar más dinero en prevenir contaminaciones en los piensos y alimentos, que asumir el coste de una alerta de estas características y además, y lo que es más importante, evitar el riesgo a los consumidores?
http://europa.eu/rapid/pressReleasesAction.do?reference=MEMO/11/8&format=HTML&aged=0&language=EN&guiLanguage=en