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Jueves, 08 Mayo 2008
Las alertas alimentarias: una alarma evitable

En las últimas semanas hemos tenido noticias de varias alertas alimentarias, primero las dioxinas en el queso de mozzarella italiano, después la supuesta hepatotoxicidad por consumir ciertos productos de la marca Herbalife y la útima de todas, la presencia de hidrocarburos alifáticos en aceite de girasol procedente de Ucrania.

¿Qué son las alertas alimentarias y como se gestionan?

El sistema de alerta rápida para los alimentos y piensos está recogido en los artículos 50 a 52 del Reglamento 178/2002 y consiste en una red integrada por la Comisión Europea, los Estados miembros y la EFSA, dirigida a notificar los riesgos directos o alertas-3.jpgindirectos para la salud humana derivados de los alimentos y piensos. Los Estados miembros están obligados a informar a la Comisión Europea a través de la red de cualquier riesgo grave para la salud humana relacionado con alimentos y piensos, así como de las medidas que han adoptado para restringir la comercialización de los alimentos y piensos implicados o los rechazados en las aduanas. La Comisión Europea se reserva, en casos de emergencias que no puedan ser controladas adecuadamente por los Estados miembros, la posibilidad de intervenir suspendiendo la comercialización de productos o su importación.

La red comunitaria se conoce con las siglas en inglés RASFF (Rapid Alert System for Food and Feed- Sistema de alerta rápido para alimentos y piensos) y todas las notificaciones que se publican semanalmente se pueden consultar en la web de la Comisión Europea, así como los informes anuales. La red española se conoce como SCIRI (Sistema Coordinado de Intercambio Rápido de Información), está en funcionamiento desde el año 1987 y la integran las Comunidades Autónomas, la Comisión Europea, el Ministerio de Defensa y las Asociaciones de industrias y de distribución de alimentos.

Los informes anuales se pueden consultar también en la web de la AESAN, en el apartado "Control Oficial y Alertas".

El principal problema de las alertas alimentarias que conocen de sobra las autoridades sanitarias y las industrias alimentarias es la alarma que genera en los consumidores, muchas veces alimentada por los medios de comunicación, al hacerse público la presencia de sustancias químicas o bacterias patógenas en los alimentos que consumen habitualmente.

Estas alarmas que, cada vez están siendo más frecuentes, tienen su aspecto positivo y negativo, el negativo nos muestra que el riesgo cero no existe y por tanto es posible que algunos alimentos contengan agentes que puedan perjudicar a la salud, pero el aspecto positivo es que el sistema de control y de reacción ante la presencia de estos agentes peligrosos funciona. Por ello, los consumidores deberíamos ir acostumbrándonos a reaccionar tranquilamente ante las alertas y a confiar en los Organismos que las gestionan.

Mientras sigamos teniendo noticias de alertas alimentarias podemos tener la tranquilidad de que el sistema funciona correctamente. Las alertas ocurren en todos los países, así podemos ver la última publicada  por el Reino Unido referida a la presencia de biotoxinas marinas en mejillones producidos por una empresa británica. En la web de FSA se informa de las marcas y lotes afectados advirtiendo a los consumidores que no consuman los mejillones de los lotes afectados.

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