
Todos los productos alimenticios que se comercializan envasados llevan una etiqueta con una información detallada sobre el producto, como es la identificación del fabricante, las fechas de consumo etc.
Desde el año 1975 en que se publicó la primera norma de etiquetado de alimentos hasta ahora las menciones que aparecen en el etiquetado se han complicado, hasta el punto, de que muchas de ellas no son claramente entendidas por los consumidores. ¿Quién entiende la leyenda "contiene una fuente de fenilalanina"? o ¿quién sabe que los alimentos que llevan cafeína con un contenido superior a 150 mg/l, con la leyenda en su etiqueta "contenido elevado de cafeína", no deberían consumirse por mujeres embarazadas o niños?. Para más inri las declaraciones nutricionales de los alimentos complican aún más la comprensión del etiquetado, ¿cuántas personas están consumiendo alimentos enriquecidos con esteroles cuando estos alimentos van dirigidos exclusivamente a las personas que necesitan reducir su nivel de colesterol en sangre?, y los alimentos con omega-3 ¿cuánto hay que consumir para cubrir las necesidades nutricionales de ácidos grasos omega-3?. Solo hay que comparar el número de páginas de las normas sobre etiquetado, en el año 1975 la norma española de etiquetado ocupaba solo 3 escuetas páginas, la última publicada en el año 1999 modificada muchas veces, ocupa ya 9 páginas que serían más si se incorporarán todas las modificaciones en un solo texto legal y el resto de normas específicas de etiquetado que están publicadas para grupos de alimentos.
La Comisión Europea conocedora de esta creciente dificultad en la comprensión del etiquetado por parte de los consumidores está actuando en dos frentes, por una parte ha publicado un folleto informativo en todos los idiomas comunitarios, en donde se explica con claridad las características generales del etiquetado, titulado "Saber lo que ponen las etiquetas" y por otra ha elaborado una "Propuesta de Reglamento sobre requisitos de información de alimentos a los consumidores" para conseguir que las etiquetas no engañen sobre las características del producto, no atribuyan efectos que en la práctica no poseen, sugieran que el alimento posee características especiales que alimentos similares tienen, sean más claras y fáciles de entender y se ajusten mejor a las necesidades de los consumidores.
Habrá que esperar a que se publique y se aplique ese Reglamento para comprobar si efectivamente somos capaces de entender el etiquetado de los productos en su totalidad.